
“EL LABIAL OLVIDADO”
En el rincón más oscuro y olvidado de mi bolso un labial algo desgastado y con su tapa medio abierta dormía en un mundo de polvo y sombras. ¿Me lo habrían regalado o alguna vez lo habré comprado? Ahí quedó aquel vibrante tono fucsia que prometía alegrar cualquier día, incluso los más grises. Pero, con el paso de los meses y la rutina diaria, el labial fue relegado a un rincón en desuso, mientras otros objetos más prácticos ocupaban su lugar: llaves, monedas, y un montón de papeles arrugados.
El labial soñaría con el momento en que abriría el bolso y lo rescatara. Había vivido días maravillosos, en los que había sido el protagonista de alguna salida, convirtiéndose en un estallido de color y confianza. Sin embargo, en los últimos tiempos, el ritual de prepararme con cuidado frente al espejo, se había desvanecido. Los apurones del día a día, las responsabilidades y el cansancio, van relegando ese momento especial a un recuerdo.
Yo creo que hasta el labial ansiaba volver a sentir el suave deslizamiento, el roce de los labios y la satisfacción de sentirse importante y protagonista.
Un día, mientras rebuscaba en el bolso buscando el teléfono, mis dedos se encontraron con ese envase cilíndrico tan familiar de color brillante. Sorprendida, lo saqué y lo miré con nostalgia. Justo tenía que salir. Sonreí al recordar noches pasadas, y sin pensarlo dos veces, decidí que era el momento perfecto para revivir aquellos instantes. Al abrir el labial, el aroma dulce de su fórmula me envolvió, y una chispa de emoción llegó al corazón. Me miré al espejo y me pinté, dibujando una sonrisa que había estado oculta por demasiado tiempo.
En ese momento, el labial no solo se convirtió en un accesorio de belleza, sino en un símbolo. Algunos recuerdos comenzaron a fluir: cada risa compartida y cada confidencia en el espejo. Con el rostro iluminado y los labios fucsia resplandecientes, salí de casa sintiéndome segura y feliz como si el simple acto de darme un capricho pudiera transformar el peso de la rutina en alas.
El labial, al fin liberado del rincón de mi bolso, no solo es un adorno, sino es un símbolo de la determinación de vivir con intensidad, de reír a carcajadas, y de celebrar la belleza de ser quien realmente se es, se convierte en una herramienta de autoconfianza, un recordatorio de que incluso en los días más grises, siempre hay espacio para un toque de color.
Y tal vez esa es su misión: hacer que el mundo de quien lo use brille un poco más.


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